miércoles, 30 de agosto de 2017

Look what you made me do, Taylor.

Por Anthony Tesla.

Hay días en los que agradezco a aquellas grandes mentes que nos legaron el arte de la música por alegrar millones de existencias generación por generación, así como los pioneros que han ideado y creado nuevos estilos y géneros en un sinfín de combinaciones demostrando hasta dónde pueden llegar los limites de la creatividad humana.

Y otros, en los que pienso: “si me quedara sordo, ¿realmente me perdería de mucho?”

Pocas cosas me hacen sentir tan dinosaurico como escuchar los insulsos dramas de las celebridades actuales, en parte porque cada vez se me hace reconocer a los nuevos, y en parte porque al observarlos con frialdad, no son más que pleitos de secundaria inflados para celebridades con los egos más inflados todavía.  Y Taylor Swift es alguien cuyo nombre surge cada vez que escucho de uno.



Esto no tiene nada en contra de ella como artista, porque en realidad, pienso que como cantante no es mala, y como compositora de hecho es mejor de lo que muchos damos crédito. Pero son las formas, y Look At What You've Made Me Do es, a mí parecer, lejos, MUY lejos de ser uno de sus mejores trabajos. Es quizá, tras pensarlo bien, una de las peores canciones que ha hecho, mas todo artista ha tenido mierda en su haber; en algún lugar, Michael Stipe debe seguir pensando que Happy Shiny People en definitiva no debió haber visto la luz del día.

 Así sucede, todos en ocasiones hemos hecho algo que no nos hace sentir orgullosos.

Mas esto va más allá; me hizo tener una sensación caso Lovecraftiana, como ver el abismo al horror cósmico que una mente humana primitiva como la mía no puede aspirar a comprender, o como una nota que está diseñada para despertar el malestar instantáneo en cualquier par de oídos con la mala fortuna de escucharla. Después de eso, preferiría pasar mi eternidad en un limbo en que el único sonido sea “Despacito” reproducido una y otra vez. El último disco de Linkin Park de pronto está a la altura de los mejores trabajos de Black Sabbath y Deep Purple; Iggy Azalea… OK, ella sigue siendo igual de mala que siempre, pero a lo mucho su I'm So Fancy me causaba repulsión.



La nueva canción de Swift me causa terror y desesperanza. Me hace poner en una balanza lo que hacemos como especie, y lo que hago como individuo. No estoy seguro si dedicar mi vida a hablar cuán maravillosa es la música es ahora algo que quiera. Sólo este single es suficiente para borrar mi idea de hacer un top 10 anual  de mis canciones favoritas como siempre hago. Si estuviera solo en un cuarto con Hitler, Bin Laden y esta cantante y un arma con sólo dos balas, le dispararía a Taylor dos veces.

OK, ya, ya: analogías completamente desproporcionadas aparte, está claro que esta melodía nunca será precisamente de mi gusto. ¿Es miedo? ¿Es que como hombre mi masculinidad es tan frágil que se compromete al ver a una joven mujer que en la mayoría de las situaciones ha probado ser una compositora más que competente y una persona de negocios de éxito incuestionable? ¿Como judío siento un temor instintivo a las personas que para mí gusto se pasen de arias? (Y si algún día quieren hacer una biografía de Leni Riefensthal, aquí les tengo el casting ideal…) ¿Es mi renuencia a aceptar que simplemente “ya no lo entiendo”? ¿Que no es sólo el hacerme mayor, sino de hecho hacerme viejo?



De pronto todo parece tan banal y sin punto alguno; ¿escribir? Imaginar lo que no existe y que quizá no existirá. ¿La industria del cine? Sólo un montón de actores sobre-compensados en maquillaje y disfraces ridículos. ¿La cultura de Internet? ¿Qué, la que transforma una inofensiva rana de caricatura en un símbolo del neo-fascismo y ni siquiera por autentica convicción a una de las ideologías más nefasta que la humanidad pudo haber ideado sino por una especie de nihilismo auto-destructivo por personas que simplemente no soportan que miembros de algunos grupos tradicionalmente marginalizados ahora pueden ser vistos y escuchas más?

No, esto es algo que me corresponde a mí; lo último que quisiera es que una simple canción pop “gatilló” algo en mí que me orilló a este estado de desesperanza; la mezcla de muchas cosas, supongo. Esperanza albergada en asuntos que no dieron frutos, como un agricultor que se mató en su campo sólo para descubrir que nada va a germinar de su esfuerzo. Y sé a la perfección que necesito ser un agente activo en mi propio sentir y en mis propias decisiones.

Ya no he querido escribir o participar en general en redes sociales porque pareciera que no pasa un sólo día sin que algo me ponga como esta canción me puso, y aunque sé que al final del día, esto es MÍ responsabilidad y de nadie más, robaré un poco una frase de cierta cantautora rubia y diré: “Mira lo que me hiciste hacer”.

Shalom.

Anthony Tesla, es autor de más de 200 historias en Fiction Press y Wattpad. Colabora en Cracked y Wiwiblogs, y por supuesto en... ¡La generación X!