jueves, 5 de septiembre de 2013

El arte perdido de guardar un secreto.

(No, no es una canción de Queens of the Stone Age. El título es igual, pero… ¡Maldita sea! Si, está basada en la canción de QOTSA, ¡pero no se lo digas a nadie!)



Todos. Absolutamente todos, tenemos secretos. Pequeños, grandes, simples y comprometedores. Desde los miembros de las más altas esferas del poder que se reúnen en una sala medianamente oscura y planean la perdición de James Bond (o de quién sea el turno de salvar el mundo) hasta...bueno, uno. Secretos olvidados, secretos que en estos momentos ya no valen la pena, secretos que, al igual que algunos crímenes, ya prescribieron (¿Realmente vale la pena seguir ocultando que le robaste dinero a tu madre para comprar ese CD de T.A.T.U.? Aparte de la vergüenza, claro). Pero que al final del día, son y seguirán siendo, secretos. Y al parecer… siempre los tendremos.

Don't tell anyone

Sí, sabemos que a veces está acechándote ese incontrolable impulso por escupir hasta el más mínimo detalle de tu cita amorosa, o si escucharte algo que no debías; pero a veces lo mejor es guardar silencio. ¿Recuerdas esa odiosa frase de "Te lo dije"? Pues ve tomando nota, porque puede que te vacunes contra esas palabras malditas.

Quizás te enteraste por casualidad o porque alguien te hizo participe de tal responsabilidad, pero el punto es que conoces el secreto. Lo más probable que pase, es que por error sueltes toda la sopa. Posibles reacciones secundarias: Golpes, moretones, pérdida de confianza, exclusión social, comezón e irritación, son las más comunes.


Según la definición que nos proporciona Wikipediastán: Un secreto es la práctica de compartir información entre un grupo de personas, en la que se esconde información a personas que no están en el grupo. El secreto es a menudo fuente de controversia. Muchas personas reclaman, al menos en algunas situaciones, que es mejor hacer pública una información dada y que ésta sea conocida por todo el mundo. Se encuentran muy cercanos los conceptos de confidencialidad y privacidad, y a menudo llegan a confundirse. William Penn escribió, Es sabio no hablar de un secreto; y honesto no mencionarlo siquiera.




El punto es que en estos días mantener un secreto, de cualquier tipo, se está volviendo un asunto complicado.
Para empezar, hoy en día tenemos las redes sociales. Si bien, esto no es una crítica en contra, si es un punto muy importante. En estos precisos momentos que leen estas líneas saben que no miento. Pero el problema no son las redes sociales, sino como nos manejamos en ellas.
A veces compartimos demasiadas cosas, y si en la vida real el mundo es pequeño, en Facebook, por ejemplo; está a la distancia de un clic.
Mi mejor consejo, es como dice en la canción:

Whatever you do

Y así debe de ser, lo que sea que hagas, no se lo digas a nadie. 

Evítate la pena


El secreto que no es tuyo

¿Pero qué pasa cuando el dueño del secreto lo divulga?


El propio dueño del secreto se hace cargo de enterar a todas las personas. Es uno de esos momentos en los que te dan ganas de gritarle: ¡No nos importa! (A menos que se trate de los números de la lotería de mañana o de la sexualidad de una celebridad, pero de no ser así, casi nunca se trata de gente tan importante).

Nadie está en contra de la libertad de expresión, de hecho somos medio fans del mantra que a veces tenemos que repetirnos para no terminar con las pocas neuronas que nos quedan: “Cada quién su vida”. Eso sí, luego no se admiten quejas cuando vengan las críticas, públicas o privadas, o los apodos; estos últimos quizás nunca los escuches… (Hablando de secretos)

Hay que tener responsabilidad, algunos filtros internos, algún tipo de criterio personal, más aún en estos días dónde nuestro empleador con toda la facilidad del mundo puede entrar a ver nuestros perfiles y ver aquellas fotos comprometedoras de esa fiesta de fin de cursos.

Un ejemplo es esta chica que postea una foto en su Facebook, dejándole saber a todos sus amigos que después de practicarse un aborto, ¡está que arde! Y además, ¡perdió 10 kilos! Claro, podemos discutir sobre polémicas que no se van a resolver aquí sobre el momento en que una vida humana comienza, pero progresistas y persignados por igual, tienen que admitir que sin importar ideas políticas o creencias religiosas, “mal gusto” sencillamente no alcanza a hacerle justicia a un acto así.





¿Acaso estamos tan hambrientos de fama? Andy Warhol se quedó corto con decir que en el futuro, todos tendríamos 15 minutos de ella. Admito que hay cierta satisfacción en que lo que uno hace se vuelva relevante o interesante para alguien (después de todo, escribimos aquí un blog), pero quizá sea hora de realmente pensar por qué motivos uno desea obtener la atención de sus pares. 

Es ya para este punto un cliché citar a Oscar Wilde cuándo dijo que “Lo único peor que se hable de ti es que no se diga nada”, ¿pero no viene siendo hora de al menos poner en tela de juicio eso un poco? No todos aspiran a ser celebridades de tabloide porque, para sorpresa de muchos, hay personas que siguen esperando algo de dignidad en sus vidas, y por un pequeño error causado por un mal juicio temporal, ¿es necesario pagar durante, potencialmente, años?



Es momento de hacer un #Inception, y si tienes un secreto, llévatelo a la tumba. Cómo diría la abuela: Lo que hace tu mano derecha, que no lo sepa la izquierda.





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