viernes, 28 de abril de 2017

La crisis de los 31


Hola de nuevo.
A quién sea que este leyéndonos en este momento, tiene que saber que hemos sido unos flojos. Este blog básicamente debería llamarse: La generación Floja.
Lo hemos abandonado deliberadamente, y cuando nos daba cargo de conciencia, simplemente seguíamos viendo Netflix y posponiendo todo esto.
No prometemos nada. Nuestras intenciones nunca han sido del todo buenas, pero aquí estamos de nuevo.

Bienvenidos sean a....

La crisis de los treinta y uno.


Anthony Tesla
No me gusta pensar que el tiempo me rebasa; no me gusta la narrativa de “todo tiempo pasado fue mejor”. Disfruto de chapotear ocasionalmente en las aguas de la nostalgia, pero si se hace por mucho, se corre el riesgo de ahogarse en las profundidades del estancamiento.

Al mismo tiempo, no puedo no reconocer que el mundo alrededor a veces me provoca ansiedad, y más miedo del que me gustaría admitir. Se suponía que para estas alturas, uno tendría dominado esto de la vida, o al menos eso pensaba en mis años de juventud. Pero la verdad es que en este juego sólo tenemos una oportunidad de hacerlo, ya ni hablemos de “bien” o “mal”, simplemente a secas, y por lo mismo, se nota nuestra falta de experiencia al ir a confrontar los retos del día a día. Tus padres estuvieron aterrados al convertirse en precisamente eso.

Claro, la gran diferencia es que, como adultos, podemos disimular nuestra locura, frustraciones y piernas temblorosas tras dar un vistazo al abismo de la responsabilidad frente a nosotros.

En más de una ocasión he pensado que la vida, en general, no cambia mucho desde la escuela preparatoria: todo lugar, todo pequeño conjunto, banda o sociedad tiene sus camarillas, los payasos, los favoritos de los de arriba, los que todos quieren, y luego están esas piezas raras del rompecabezas que no parecen caber ni aunque los martillaras, y si creen que estoy simplificando demasiado cuestiones que deberían ser tratadas con más seriedad, les recuerdo que en el 2016 la “representante de la clase”, con años de experiencia, inteligencia y capacidad fue derrotado por el niño problema que lanza bolas de papel a tu espalda y niega el haberlo hecho tras ir a confrontarlo, y de pronto te acusa a ti de ser el matón en primer lugar.

No somos tan maduros como creemos, y no existe un punto en el cual podemos decir que todo se podrá manejar; aprendemos de nuestros errores, y a no tropezarnos con la misma piedra, pero un detalle con ese dicho es que siempre hay otras piedras: de diferentes formas, tamaños, colores, y nuestros caminos están colmados por ellas. ¿Así que pudiste evadir una? No te confíes, que no tardas en darte con otra que ni siquiera viste venir.

En momentos así, ¿cómo no comprender a tantos de mi generación aferrados a entretenimientos considerados por otras como “infantiles”? ¿El gusto de los míos por los dibujos animados? Un escape a un mundo colorido (si bien es cierto que los shows de ahora tienen temas que harían sonrojar a Freud y Jung y le darían un dolor de cabeza a Umberto Eco). ¿Los videojuegos? Sentir por momentos que tienes en tus manos el control de algo, tanto en un sentido literal, como en uno simbólico. ¿Desquitarse en los medios sociales? Juvenil, fútil pero… ¿qué más queda cuando nadie más te oye? Y no por egoísmo, sino porque todos también sienten la misma ansiedad y la misma inseguridad.

Al mismo tiempo, supongo que hay que apreciar las pequeñas victorias, porque cuando tienes nada, lo poco te parece mucho. ¿Y quién sabe? Puede que aunque sea una imposibilidad estadística, no se está tan lejos de algún logro: esa meta que finalmente te dibuje una sonrisa por más de dos días.

En palabras de Scarlet O'Hara: “Mañana será otro día”. Para bien, para mal, y para mediocridad.

Anthony Tesla, es autor de más de 200 historias en Fiction Press y Wattpad. Colabora en Cracked y Wiwiblogs, y por supuesto en... ¡La generación X!



Sandy Lee
Recuerdo lo perfecto que parecía mi plan.

Sí, hablo de ese plan de vida que nos hacemos en nuestras pequeñas mentes llenas de fantasía, ese que comienza a cobrar vida cuando tomamos el dichoso test vocacional.

Estaba tan segura de quién era y de lo que quería en la vida…

“A los treinta, voy a tener una exitosa carrera en Ingeniería industrial, voy a tener mi propia casa, mi auto del año. Ya estaré comprometida, con un galán sin igual o en su defecto, casada; después de una bellísima recepción con un vasto álbum de fotos como prueba y quizás un bebé… o quizás dos, para darle al primero un hermanito o hermanita. Y por supuesto, un perro. Y una foto de la familia feliz en la sala de estar...”

Digamos que esa idea fue alrededor del 2002, y yo estaba taaaaan decidida a conseguirlo.

Voy a cumplir treinta y uno este próximo mes de Julio. Estamos a dos meses y medio de que eso pase y déjenme decirles cual es la situación actual:

No tengo una exitosa carrera en Ingeniería Industrial, ni siquiera figura como carrera trunca en mi curriculum. Tengo mi casa, la misma que tengo desde el 86. año en el que nací, y digamos que fue por una herencia, no porque yo la haya comprado.
Una herencia que incluye un sin fin de reparaciones y un par de cadáveres enterrados clandestinamente debajo de la propiedad. Bromeo con lo de los cadáveres.

Mi auto es un modelo del 2004, que suena raro cuando enciendo el aire acondicionado, y de vez en cuando deja una enorme mancha de aceite en el pavimento.

No estoy comprometida. Estuve casada una vez, y la recepción… oh Dios.. ni siquiera tengo fotos de ese desastre, y de haberlas tenido, habrían terminado hechas pedacitos en la basura.
Lo único que resultó de mi plan, fue un test de embarazo positivo, que pronto cumplirá diez años y es la razón por la que sigo en la pelea de esta estafa a lo que algunos llaman: vida.

Sueno como toda una amargada, lo sé, pero no lo estoy. Aún dentro de mi mediocre vida, puedo decir que hay un par de cosas que valen la pena. Quizás en este momento es que al fin veo como se ha asentado un poco el polvo de mi tumultuosa vida y por eso mi perspectiva es un poco más realista que cuando tenía dieciséis. Porque ha decir verdad, ¿quién tiene una perspectiva realista a esa edad?

Una de las cosas que detesto de cumplir años, junto con las Navidades, es que inevitablemente, hago un recuento mental de todo lo que he vivido. Y por si fuera poco, Facebook hace su parte todos los benditos días, mostrándote recuerdos, algunos de ellos llenos de vergüenza y arrepentimiento; de tiempos mejores. De ideas que tenías, de cosas que te gustaban y que ahora las miras con cara de asco. De cuando pensabas que Facebook era parte de tu diario y publicabas hasta lo más random de tu día, ¡¡¡cómo si a alguien realmente le importara!!!

Cuando cumplí treinta, recuerdo que lo celebré en el cine de mi ciudad, junto a mi hija viendo la película Mascotas. Y no es que estuviera del todo mal mi celebración, pero ése no era mi plan. Quería tener un lindo vestido que disimulara un par de libras y un buen trago. Música hasta la madrugada y reír con las pocas amistades que tengo.

Pero después recordé que apenas con medio trago del licor que sea, ya me estoy durmiendo, y mi definición de madrugada; es a eso de las once de la noche. Asi que unas palomitas grandes con extra mantequilla le ganaron a lo que pudo ser una monumental resaca.

Sinceramente, nada en mi vida ha salido de acuerdo al plan y hasta hace poco estaba muy conforme con ello. Si cuando cumplí treinta, no la estaba haciendo de cuento, ¿por qué ahora sí? ¿Por qué siento que estoy en esa crisis de la que todos me advirtieron, si llevo diez meses ahí? ¿Es algo normal?

Miente quien diga que no le ha pasado por la cabeza eso de que “el plan original”, no va saliendo exactamente como debería.

Y sé que alguno de ustedes debe de estar poniendo los ojos en blanco, y seguro están pensando en que soy una quejica; pero ya llegaran a mi edad, o en su defecto, ya pasaron por esto y consideran que sólo estoy haciendo un drama innecesario…

¿Esto es paranoia? ¿Un inception? ¿Delirio de persecusión? ¿Realmente es una crisis o es algo más bien existencialista?

¿Estoy sola en esto o es que a alguien más le pasa?

Necesito respuestas...

Sandy Lee, es procrastinadora profesional. Y cuando no esta escribiendo fan fics de Tom Hiddleston, colabora en La generación X.


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