“… En el amor y en la muerte, los defectos se pasan por alto o se perdonan…”
–Tonya Hurley, Ghostgirl: El regreso.
En días como hoy, me preguntó (sin afán de hacerlos dudar de mi salud mental ni de si estoy considerando el suicidarme), ¿qué pasaría si hoy muriera? ¿A quién en realidad le dolería que yo muriera? ¿A quién le alegraría? Sé que a un par, porque siendo honestos, no es como que yo sea una Madre Teresa de Calcuta.
¿Qué diría mi obituario?
"Siempre quiso tener gatos, pero era alergica, así que deja atrás más de 10 memorias usb con miles de fotos de simpáticos mininos."
O algo más como...
"La empleada por más de diez años de cierta compañía, ha dejado una larga lista de pendientes, que ha pesar de su muerte, los clientes no justifican su falta de responsabilidad. 'Si sabías que te ibas a morir, ¡al menos hubieras reservado mi hotel en Cancun!' -Declaró uno de los clientes inconformes."
No recuerdo quién su momento dijo que no existe tal cosa como mala publicidad excepto tu propio obituario. El obituario para mí, es como la anécdota de tu vida que solo dice cosas buenas, porque claro, jamás se escribiría algo como, "destacó por su valemadrismo y sarcasmo. Todos los odiaban y se alegran de que por fin haya dejado de torturar a cuanta alma cruzaba su camino".
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| Créditos: francescjosep.ney |
Siempre me he preguntado el por qué de esa extraña actitud que parece extenderse cuando alguien muere. No recuerdo haber llegado a un funeral y que dijeran todas las cosillas malas que el difunto hacía. Y no diré nombres, pero de la mayoría a la que he asistido, era gente envidiosa, avariciosa, que en su momento destrozaron vidas y pisotearon a quién pudieron. Uno en particular, me hizo hervir la sangre, todos decían "Pobrecillo, era muy bueno"; pero en realidad era un abusador de menores que se salió con la suya gracias a un abogado.
Sé qué probablemente este no es un tema agradable, pero ya que todos hablamos de un legado, por qué no preguntarnos, ¿qué dejaremos atrás? Quizás diarios enumerados al estilo Gravity Falls, alguna joya que perteneció a una abuela o a una tatarabuela, un par de deudas, y un intento de grafiti en algún puente de esta podrida ciudad. Sea lo que sea que dejemos atrás, debemos de esforzarnos por que en nuestro funeral saquen todo, desde los trapos sucios hasta los elegantes. Eso es lo único que nos hace ser personas de verdad.
Nos leemos pronto.
Sandy Lee.

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