Cuando yo tenía edad para caer en las tramas publicitarias de las estrellas adolescentes, se hacían esos chistes respecto a los Backstreet Boys o Britney Spears pre-mental breakdown. Y en la generación de mi madre, Menudo o Magneto eran los elegidos para tales humillaciones. También están claro los tonos homofóbicos, y aunque desprecio buena parte de la humanidad por muchas y muy variadas razones, con quién quiera dormir alguien no es una de ellas, y me alegra ver que de poco a poco estamos despertando como sociedad a que si un cantante parece niña está en su santo derecho de parecer niña, niño, niñx o lo que se le antoje.
Dejando de lado cuestiones sobre identidad de género y preferencias sexuales, no me gusta la reacción condescendiente de muchos críticos, sorprendidos como si el que el señor Harry Styles haya hecho una gran canción fuese el equivalente de hallar el Santo Grial, la Atlantida y la tumba de Jimmy Hoffa el mismo día; es cierto que siempre van a haber caras bonitas que llegaron a la fama por talento y mercadeo, pero no es como si escogieran a cualquier pendejo al azar: algo de música debía de saber, y vaya que lo demostró.
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| Harry Styles/SNL |
Y sin duda, al menos para mí, está a kilómetros de distancia de las horripilantes canciones que Zayn Malik ha hecho.
No es tanto el hecho de tragarse el orgullo por dos razones:
* Como expuse, nunca fui a la yugular ni lo descarté jamás como alguien que fuese famoso sólo porque sí.
* Me queda muy poco como para andarlo apostando.
Sino porque es aprender a lidiar el hecho que, como dirían de nuevo The Who, “Los chicos están bien”: aunque a menudo uno sienta que el mundo está en la balanza por esos monstruos atemorizantes llamados “cualquiera cinco años menor que tú”, uno recuerda que eventualmente, todos nos hacemos adultos… a algunos nos llega eso más tarde, pero en la mayoría de los casos, casi todos alcanzamos esa meta en la que al menos podemos fingir que no sentimos que todo se va al diablo.
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| Si, fingimos que no estamos en la carretera hacia el infierno. / Sarah Scribbles |
Muchos muchachos son capaces, son grandes emprendedores, y en poco tiempo nos dejarán sin trabajo; por ahí debe encontrarse el siguiente John Lennon o la siguiente Joni Mitchell; esos que veíamos como escuincles nalgas miadas nos llevarán a Marte algún día (al menos esos pocos suficientemente inteligentes para aprender a usar la bacinica antes de los 2 años); algunos inventarán el “nuevo i-Phone” que los hará más ricos de lo que jamás podríamos siquiera concebir.
No me siento amenazado porque sean malos, sino porque sé lo buenos que pueden llegar a ser.
Y aunque sería sencillo adjudicar mi incomodidad a la edad, es verdad que ya desde que yo mismo era un mocoso pajero de mierda con su peinado emo y escuchando a The Killers pensando que Brandon Flowers era el Bob Dylan de su tiempo ya me sentía así. En general, supongo que el talento me impresiona. Me incomoda, pero me impresiona.
Así que, bien Harry: llega dónde puedas, yo intentaré hacer lo mismo… aunque es más que evidente que tienes enorme ventaja en, ya saben: talento…
Por lo pronto, sé que "Sign of the times" será una de mis canciones favoritas este año.
Y Zayn… por favor… pon las cosas en su lugar, como diría la gran diseñadora Edna Moda, y te lo dice alguien que APENAS tiene las cosas en su lugar.
Shalom camaradas.
Anthony Tesla, es autor de más de 200 historias en Fiction Press y Wattpad, incluyendo "The Hopewell Club".



Del artículo, me quedo sobre todo con una cuestión que planteas: la idea de que las nuevas generaciones, de toda la vida, siempre han ido pisando fuerte.
ResponderEliminarEsto es así desde que el mundo es mundo: el joven más prometedor, siempre acaba desafiando al viejo jefe de la tribu para hacerse con el poder. Si lo hace demasiado pronto, puede pagar el precio con su vida, pero si sabe llegar en el momento justo... acabará aplastándolo y el antiguo anciano tendrá verá que sus últimos días los vivirá fuera de foco, si no tiene la suerte de caer ante la nueva promesa, de enfermar antes y morir, o de caer víctima de alguna presa o guerra... en cualquier caso es inevitable, siempre vendrá alguien a quitarle el cetro a otro.
Sin embargo, acúsadme si queréis de ser un idealista incurable: prefiero apostar por el esfuerzo antes que por cualquier talento. Y creo que eventualmente alguien que se esfuerza —dado que por norma, siempre valorará más lo que quiere conseguir, y sacrificará más para hacerlo— acaba teniendo a la larga una mayor ventaja que alguien que simplemente es talentoso.
El que se esfuerza, acabará reponiéndose de los reveses. El que sólo se apoya en su talento, a la primera bofetada se quedará en el suelo. Al menos, yo apuesto por eso...
Un articulo genial, Antonio.
Con ganas de leer más. ;)
Atte. Axel A. Giaroli